Casi todos los CRM inmobiliarios del mercado cobran por usuario y mes. Suena razonable hasta que haces la cuenta: cada agente que entra en tu equipo te sube la factura, todos los meses, para siempre.
Y ahí aparece un incentivo perverso. Empiezas a pensarte si dar de alta al comercial nuevo. Compartes una cuenta entre dos personas. Dejas al de prácticas fuera del sistema. El CRM, que debería ayudarte a crecer, se convierte en un freno.
Tomemos un precio habitual de 39 € por agente y mes, que está en la media del sector:
El salto de 3 a 6 agentes te dobla la factura sin que el software haga nada distinto. Es el mismo producto, la misma base de datos, las mismas funciones. Solo hay más gente entrando.
El modelo por usuario viene del software empresarial, donde cada licencia implicaba coste real. En un CRM en la nube ese coste marginal es prácticamente cero: dar de alta a tu séptimo agente no le cuesta al proveedor siete veces lo que el primero.
Se mantiene porque es cómodo de vender y porque el ingreso crece solo cuando el cliente crece. El problema es que quien paga esa comodidad eres tú.
Un precio plano por agencia rompe esa relación. Pagas un importe por tramo y metes al equipo que necesites dentro de él. El coste por agente baja según creces, en vez de subir.
En la práctica esto cambia decisiones del día a día: das de alta al agente nuevo desde el primer día, metes al administrativo que gestiona la agenda, y no compartes credenciales entre personas — que además es un problema de seguridad y de trazabilidad.
Seamos honestos: si trabajas solo o sois dos, la diferencia es pequeña y hay CRM por usuario perfectamente válidos.
El punto de inflexión llega a partir del tercer o cuarto agente. Ahí el modelo por usuario empieza a pesar de verdad, y cada incorporación te obliga a hacer números antes de contratar.
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